Bajo las aguas del Mediterráneo, a 37 metros de profundidad, yace una cápsula del tiempo que ha sobrevivido más de 20.000 años: la cueva Cosquer.
Oculta, frente a la costa de Marsella, esta maravilla paleolítica fue decorada por humanos de la Edad de Hielo con más de 500 grabados y pinturas de caballos, bisontes, focas y hasta pingüinos, cuando el mar aún no la había reclamado.
Su acceso quedó sumergido tras milenios de deshielo y cambio climático, convirtiéndola en uno de los descubrimientos arqueológicos más extraordinarios del siglo XX. Aunque el agua destruyó parte de su arte rupestre, una réplica meticulosamente construida permite al mundo admirar lo que fue, y recordar cómo el tiempo (y el mar) pueden esconder los secretos más impresionantes de nuestra historia.
La cueva fue hallada en 1985 por el buzo profesional Henri Cosquer, quien logró ingresar tras múltiples inmersiones riesgosas.
De sus 120 metros de galerías submarinas, solo una cámara principal permanecía seca y contenía las obras milenarias. Hoy, gracias a la tecnología 3D y al escaneo digital, se ha recreado en detalle como atracción científica y educativa, conocida como la “Grotte Cosquer Méditerranée”.

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