EL CAMPEÓN MUNDIAL QUE LA HISTORIA OLVIDÓ:
EL ARMENIO QUE SACRIFICÓ SU VIDA POR EL AJEDREZ
Nacido en 1929 en Tiflis (actual Georgia) en una familia armenia, Petrosian quedó huérfano a los 16 años cuando ambos padres murieron durante la Segunda Guerra Mundial. Para sobrevivir, el joven Tigran se vio obligado a barrer las calles de Ereván mientras perfeccionaba su ajedrez en las noches.
Lo que muchos ignoran es que Petrosian sufría una sordera parcial desde su infancia debido a una infección mal tratada. Esta discapacidad, que mantuvo en secreto durante gran parte de su carrera, le obligó a desarrollar una concentración excepcional que transformó en su mayor arma sobre el tablero.
En 1963, derrotó al legendario Mikhail Botvinnik para convertirse en el noveno Campeón Mundial de Ajedrez, un título que defendió con éxito contra Boris Spassky en 1966. Su estilo de juego era tan sólido que durante un período de ocho años (1962-1970), ¡no perdió ni una sola partida en torneos importantes!
A diferencia de otros campeones mundiales, Petrosian era conocido por su extraordinaria capacidad defensiva y profiláctica. Mientras otros buscaban ataques brillantes, él anticipaba las intenciones de sus oponentes hasta frustrarlos por completo. El gran Bobby Fischer, quien rara vez elogiaba a sus rivales, llegó a decir sobre él: "Petrosian es el maestro de evitar el desastre".
Una anécdota poco conocida revela que durante el Torneo de Candidatos de 1962, Petrosian jugó varias partidas con fiebre alta, negándose a solicitar aplazamientos. Su determinación era tan férrea que una vez compitió con una temperatura de 40 grados, ganando la partida antes de ser hospitalizado inmediatamente después.
Su vida personal estuvo marcada por la devoción a su esposa Rona, quien ejercía una influencia extraordinaria sobre él. Se cuenta que ella vigilaba su dieta con tal rigidez que a veces Petrosian debía escabullirse para comer sus dulces favoritos a escondidas.
Trágicamente, este genio del ajedrez falleció prematuramente en 1984, a los 55 años, debido a un cáncer de estómago. Los médicos atribuyeron su enfermedad al estilo de vida extremadamente estresante que llevó durante décadas, sacrificando literalmente su salud por el ajedrez.
Quizás el dato más revelador sobre su carácter: a diferencia de muchos de sus contemporáneos soviéticos, Petrosian se negó sistemáticamente a participar en acuerdos pactados de tablas. "El ajedrez es ante todo honestidad", solía decir, aunque esta integridad inflexible le costó puntos y premios a lo largo de su carrera.
La cruel ironía es que este armenio que superó la pobreza, la orfandad y la discapacidad para alcanzar la cima del ajedrez mundial, ha sido relegado injustamente a un segundo plano en la historia popular del juego ciencia. ¿Por qué el mundo celebra a los genios controvertidos y olvida a quienes, como Petrosian, encarnaron la excelencia con humildad?

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