20260929

John D. Rockefeller



A finales del siglo XIX, Standard Oil, la compañía de John D. Rockefeller, controlaba la industria petrolera mundial. Cuando las investigaciones químicas descubrieron que a partir de los petroquímicos derivados del refinamiento del petróleo se podían sintetizar moléculas para crear medicamentos a gran escala, Rockefeller vio una oportunidad de negocio sin precedentes.

Este hallazgo provocó un giro radical en el enfoque de la salud: la medicina dejó de ser una disciplina orientada a la sanación integral y al uso de remedios naturales para convertirse en un sistema centrado en el alivio temporal de síntomas y en la generación de dependencia prolongada. A diferencia de las plantas y remedios botánicos, que al ser naturales no se podían patentar, los fármacos sintéticos basados en petroquímicos sí garantizaban patentes exclusivas y ganancias astronómicas recurrentes a través de tratamientos continuos. Para instaurar este modelo a nivel global, la Fundación Rockefeller se alió con la Fundación Carnegie y la American Medical Association (AMA) para financiar el Informe Flexner en 1910. Redactado por Abraham Flexner, este documento evaluó todas las escuelas de medicina de Norteamérica y calificó como anticientífica, fraudulenta e ineficaz a cualquier disciplina que no fuera la alopatía basada en fármacos químicos y cirugía. De la noche a la mañana, la naturopatía, la homeopatía, la fitoterapia y la medicina tradicional fueron desacreditadas masivamente ante la opinión pública.

Para erradicar la competencia, Rockefeller empleó el poder del financiamiento condicionado. Canalizó millones de dólares únicamente a las universidades que aceptaron reestructurar sus programas académicos para enseñar exclusivamente farmacología petroquímica, eliminando por completo las cátedras de medicina natural y nutrición. Las instituciones que se negaron a someterse perdieron sus licencias y acreditaciones oficiales, lo que forzó el cierre de más de la mitad de las facultades de medicina en Estados Unidos y Canadá. Con este cambio estructural, se consolidó el monopolio farmacéutico moderno, mientras que los médicos naturistas y defensores de la medicina botánica que intentaron mantener sus métodos o regresar a la sanación natural fueron perseguidos, privados de sus licencias y silenciados institucionalmente.

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