Muammar el Gadafi
Durante más de cuatro décadas, Libia fue el escenario de uno de los experimentos socioeconómicos más audaces y controvertidos de la historia moderna. En 1969, cuando Muammar el Gadafi llegó al poder, heredó una nación empobrecida, con una tasa de analfabetismo superior al 80% y cuyos valiosos recursos naturales eran explotados por corporaciones extranjeras. Su primera gran jugada cambió las reglas del juego geopolítico: nacionalizó la industria de hidrocarburos a través de la Corporación Nacional de Petróleo (NOC) y renegoció los contratos para retener más del 80% de las ganancias en arcas nacionales.
Educación y Salud Gratuitas: Estudiar o ir al médico no costaba un solo dinar. Si un ciudadano no encontraba la especialización médica o la carrera universitaria que deseaba dentro de Libia, el Estado financiaba la matrícula completa en las mejores universidades del mundo, otorgándole además una beca mensual para manutención y pasajes aéreos pagados. En pocas décadas, la alfabetización superó el 85%.
Vivienda y Familia: La vivienda era considerada un derecho humano, no una mercancía. Los arriendos comerciales tradicionales fueron eliminados y se construyeron programas masivos de vivienda. Además, a las parejas recién casadas se les otorgaba un bono de inicio de vida de aproximadamente $50.000 dólares para la adquisición de su primer hogar.
Energía y Alimentos Subsididados: La gasolina se vendía a unos $0,14 dólares por litro, convirtiéndose en una de las más baratas del planeta. Los alimentos básicos harina, azúcar, arroz y aceite estaban subvencionados hasta en un 80%, protegiendo el bolsillo del ciudadano común.
El Gran Río Artificial: Para llevar agua al desierto, financió de manera 100% autónoma sin pedir un solo préstamo al FMI o al Banco Mundial la obra de ingeniería hidráulica más grande de la historia: más de 2.800 kilómetros de tuberías subterráneas que transportaban agua dulce desde los acuíferos fósiles del Sáhara hasta las ciudades costeras, entregando tierra, ganado y semillas a cualquiera que quisiera cultivar.
Para el año 2010, Libia ostentaba el Índice de Desarrollo Humano (IDH) más alto de toda África, no registraba deuda externa y acumulaba más de $150.000 millones de dólares en reservas internacionales y toneladas de oro.
Sin embargo, el punto de no retorno llegó cuando Gadafi propuso utilizar esas reservas de oro para crear el Dinar de Oro Africano, una moneda común respaldada por recursos reales destinada a comercializar el petróleo del continente, desafiando directamente la hegemonía del dólar estadounidense y el franco CFA. Para los analistas soberanistas, esta amenaza al sistema financiero global fue la gota que derramó el vaso: las potencias extranjeras activaron una intensa campaña mediática para calificarlo de dictad0r, justificando la intervención militar de la OTAN en 2011 y desmantelando por completo el modelo libio.
Si la intervención militar en Libia se justificó para librar al país de un tirano y llevarle democracia y libertad, ¿por qué tras la caída de Gadafi el país pasó de tener el nivel de vida más alto de África a convertirse en un Estado fallido sumido en la gu3rra civil, el caos y la reaparición de mercados de escl@vos?.
Ya sabes lo que sucede cuando un país no se le arrodilla a los que se creen dueños del mundo
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