EL GUSTO POR LA GRASA,
PUEDE HABERNOS HECHO HUMANOS
Mucho antes de que los humanos comenzaran a cazar grandes mamíferos para obtener carne, una dieta de grasas les proporcionaba la energía necesaria para desarrollar cerebros más grandes,
Nuestros antepasados adquirieron un gusto por la grasa, comiendo médula ósea de los restos de esqueletos de animales devorados por otros depredadores. El argumento desafía la opinión generalizada entre los antropólogos, de que comer carne , fue el factor crítico que propició la evolución de los seres humanos.
Es probable que nuestros antepasados comenzaran a adquirir el gusto por la grasa hace 4 millones de años, lo que explica por qué hoy la seguimos consumiendo. Los depósitos de grasa en los grandes huesos de los esqueletos eran una enorme fuente de calorías en un entorno escaso de ellas. Eso pudo haber sido lo que le dio a una población ancestral la ventaja que necesitaba para desencadenar la evolución humana.
Los nutrientes de la carne y la grasa son diferentes, al igual que las tecnologías necesarias para acceder a ellos. El consumo de carne se combina tradicionalmente con la fabricación de herramientas afiladas de piedra, mientras que la obtención de médula ósea rica en grasa sólo requería aplastar huesos con una roca.
El ansia por obtener médula podría haber propiciado no sólo un aumento del tamaño del cerebro, sino la creación de herramientas más sofisticadas para poder cazar animales más grandes.
El cerebro humano consume el 20% de la energía del cuerpo en reposo, el doble que el cerebro de otros primates, que son casi exclusivamente vegetarianos. Es un misterio para los científicos cómo nuestros antepasados humanos pudieron cumplir con tal nivel de demanda calórica y energética para mantener sus cerebros y hacerlos cada vez más grandes.
El paradigma centrado en la carne plantea la hipótesis de que una población de simios comenzó a cazar y comer animales pequeños de forma más activa, lo que se convirtió en un peldaño evolutivo hacia el comportamiento humano de caza de animales grandes.
La nueva hipótesis remonta este salto evolutivo a hace unos 4 millones de años, durante el Plioceno. En esa época nuestros antepasados acecharían a sus presas en las praderas africanas. Después de que un depredador terminara de comerse a un mamífero grande, estos simios erguidos se apropiaban de las sobras rompiéndolas y así descubrieron la médula oculta en los huesos de las extremidades.
La hipótesis ofrece una explicación de cómo los humanos pudieron haber acumulado las calorías necesarias para fomentar el crecimiento del cerebro mucho antes de que haya evidencias de control del fuego, algo que podría haber solucionado el problema de las bacterias en la carne podrida. La hipótesis de la grasa también sería anterior en más de 1 millón de años a la mayoría de las evidencias de fabricación de herramientas básicas simples de piedra, con lo que cambia, totalmente, el concepto que se tenía sobre la evolución de la especie humana.
labrujulaverde
Cada día aprendemos algo nuevo.. .
...solo hay que apagar el televisor y molestarse, un poco, en leer.

No hay comentarios:
Publicar un comentario